La humildad en su justa medida y dimensión

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Algunas veces, existe esa tendencia a confundir humildad con pobreza o relacionar que una persona humilde ha de ser una persona de escasos recursos. La humildad no es un estado sino más bien una característica humana en la que se refleja la inexistencia de insolencia.

Es homónimo de modestia. Una persona humilde es aquella que no se vanagloria de ser mejor que otra si bien de este modo lo fuera, no lo festeja a los 4 vientos. Reconoce a la perfección sus áreas enclenques y fortalezas mas sostiene un cómputo que le deja saber que sus capacidades no dictan una actitud soberbia, prepotente o bien petulante.

Con respecto al parágrafo inicial, en el que me refería a la errada asociación entre la humildad y la pobreza quisiese ejemplarizar dicho planteamiento. Existen personas que son de condición humilde no por que no tengan dinero sino más bien por que sostienen en su justa dimensión, lo que son, lo que pueden hacer, lo que tienen y lo que saben.

En una ocasión conocí a una persona la que se hallaba desempleada y con contrariedades económicas mas de forma frecuente se vanagloriaba de que era muy preparado académicamente, capaz de efectuar cualquier labor que le asignaran y que tenía mucho dinero ahorrado. Esto era solamente un mecanismo de defensa, un escudo de ilusión para cubrir sus auténticas faltas, puesto que la realidad dictaba una fila de deudas y inconvenientes de autoestima.

La humildad abre puertas, es la llave de las relaciones interpersonales. Deja que las personas se sientan a gusto, sin ningún género de acción que pretenda devaluarlas. Al tiempo que la insolencia produce el efecto opuesto, el distanciamiento, separación y también incomodidad.

Existen casos en que la soberbia se muestra por las posesiones: una casa, una coche, una portátil, un gadget de nueva generación, etcétera Es preciso aclarar que ningún género de pertenencia provee “status”, sino más bien es la actitud de valorar a las personas con lo que son, la que produce respeto. Asimismo ocurre con la apariencias física, no faltan los casos de personas que vejan a el resto por sentirse más atractivos y de mejor rostro.

Es un hecho, la humildad es una característica que ha de ser inculcada y llevada a la praxis. No es fácil mostrarse humilde, puesto que existe el estereotipo de que la humildad es homónimo de vulnerabilidad. Sabemos que no es de esta forma mas todavía no la practicamos.

Si diariamente planteamos vivir menos para nosotros y más para el resto vamos a estar en la capacidad de comprender que las posesiones, capacidades y apariencia física no dictan el valor de una persona.

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