Sanar para amar

La gripe no termina de irse. Después de cinco semanas de aspirinas y tos, decidí averiguar qué hay detrás de esto. Me dieron un diagnóstico que no sonó científico, pero sí muy real: soy vulnerable.

Cuando te acostumbras a no tener un hombro en el cual apoyarte, que aparezca alguien dispuesto a ofrecerlo te asusta un poco. Te trae una sensación de normalidad que inquieta, porque amenaza tu hábito de tener tus emociones bajo control. Hace poco había conseguido el equilibrio, estaba sana. Pero antes de sanar, tuve que cambiar…

Estuve dos años, mirándome al espejo casi cada mañana, buscando respuestas a las cosas que pasaban en mi vida sin que yo pudiera comprenderlas. A veces, lloraba al ver a la mujer que estaba ahí, me cuestionaba por qué dejaba pasar ciertas cosas y aguantaba otras. Sentía una agria mezcla de frustración y dolor… porque no tenía el valor de acabar con lo que me hacía daño, porque no tenía las fuerzas para cerrar los círculos inconclusos de mi vida.

¿No les ha pasado? Sobre todo a las que nos sentimos fuertes y superpoderosas, el mundo nos percibe como una mujer que no logramos reconocer en la intimidad, frente al espejo. Esa rutina de protagonizar a la mujer fuerte cuando en realidad solo necesitamos sentirnos bien, nos encierra en un laberinto de angustia, cobardía y miedo al futuro.

He llegado a cuestionarme si nunca antes había amado y solo creí haberlo hecho. Luego recuerdo que alguna vez escribí que el amor se construía con momentos, épocas que te marcan. Estuve totalmente enamorada cuando me casé, y me casé con la idea de que nunca me divorciaría. Amor sí hubo, pero a veces el amor hace bien y otras hace mal. El amor puede llegar a doler, y a hacernos creer que los cuestionamientos, el egoísmo y el abandono, vienen con el paquete.

Y cuando te llenas de valor para virar la página y dejar de sufrir, cuando decides cambiar para sanar, vienen nuevos miedos, nuevas preguntas. ¿Volveré a amar? ¿Habrá esperanza para mí? ¿Me volveré a enloquecer por alguien? ¿Aparecerá alguien que me acepte con 33 años de defectos, que me acepte como soy y con lo que tengo? Hoy digo que sí.

Después de curarme, con amor, perdón y coraje frente al futuro, estoy casi lista para amar de nuevo, para volver por ese camino.

Claro que tuve que madurar, y hacer miles de ejercicios emocionales para lograrlo. Solo pensar en ello lo suficiente para terminar estas líneas me ha tomado más de quince días. Me resulta difícil dejar de aferrarme a ese control que tanto me costó recuperar. Pero es necesario cambiar para sanar, y sanar para amar.

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